Tratamiento del dolor, un derecho fundamental

Nuestro país se caracteriza por un alto desarrollo en el manejo y tratamiento de las enfermedades, algunas zonas están siendo consideradas centros de turismo en salud. No obstante, hasta hace poco el manejo del dolor inició su desarrollo con la creación de unidades en hospitales y centros independientes, en Bogotá, Medellín y Cali, extendiéndose posteriormente a otras ciudades, tal es el caso de Armenia.
Desde las culturas precolombinas, existen curanderos, hechiceros, yerbateros, sacerdotes y chamanes, que dentro de las tribus y en consultorios privados atienden a la población para curar aquellas enfermedades cuyo síntoma principal es el dolor; este, es una experiencia subjetiva que debe ser evaluada y reconocida por las entidades de salud y tratado por los profesionales de manera adecuada. Es un derecho fundamental de la salud de las personas.
Estudios realizados en el Quindío, muestran un panorama muy similar a los nacionales; en la última investigación realizada por la ACED (Asociación Colombiana para el Estudio de Dolor, 2014) el 76% de la población colombiana tuvo algún tipo de dolor, de estos el 54% fue dolor agudo (duración menor a 3 meses) y el 46% crónico (más de 3 meses); en el Quindío el 83% de la población lo ha sufrido; de estos, el 53% lo han padecido agudo y el 47% de tipo crónico.
La intensidad del dolor crónico suele ser de moderada a severa, esos mismos estudios, demuestran que se ve afectada la calidad de vida de quienes lo padecen, principalmente en los aspectos emocionales, estado de ánimo, sueño y vida social. Son el dolor cabeza y el osteomuscular (miembros inferiores y superiores, espalda, abdomen y articulaciones) los más frecuentes en nuestra sociedad.
En la actualidad, los avances tecnológicos de las empresas farmacéuticas (alopáticas y homeopáticas) ofrecen alternativas de tratamiento para las diferentes características de los pacientes, los cuales serán beneficiosas en la medida de un diagnóstico adecuado y del uso preciso del tratamiento por parte del paciente. Las cifras indican que se deben generar alternativas de tratamientos y atención especializada para el manejo adecuado, jornadas de actualización en salud, el compromiso del paciente de no automedicarse y el reconocimiento por parte de las instituciones y los profesionales de la salud del manejo del dolor como un derecho fundamental.
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